Gente ¡no saquen conclusiones apresuradas que son, generalmente, incorrectas! No supongan cosas. Hablen, pregunten, asegúrense de las cosas. Muchas veces, ese tipo de pensamientos están muy alejados de la realidad y por no asegurarnos perdemos oportunidades. Si no te llamo en un par de días, no quiere decir que estoy enojada contigo, tal vez las circunstancias a mi alrededor no me lo permiten. Suenan a excusas, pero muchas veces son ciertas. Si quieres saber porqué no te he llamado, pues llámame, y no supongas que no quiero hablar contigo y por eso no llamas.
No les de miedo preguntar si algo está mal, si se equivocaron en algo, pedir y dar explicaciones (pero sin exigirlas), pedir más información. Muchas veces me he equivocado de esta forma, por no atreverme a preguntar me he perdido de varias cosas que me hubieran sido muy útiles. Seguiría en contacto con personas que, en este momento, ya no forman parte de mi rutina; y sabría las respuestas a incontables preguntas.
Ya no pretendo suponer. Quiero asegurarme. Es por mi propia salud mental. Ya está bueno de darle vueltas y vueltas al mismo asunto y suponiendo cosas que probablemente no son ciertas, y dependiendo de los argumentos que vayan surgiendo, éstas van cambiando. Es la receta perfecta para volvernos locos. Y si no queremos preguntar por cobardes (que estoy segura es la razón número uno) entonces no pensemos en eso. No metamos esos ingredientes en la licuadora -sí, si es posible-.
Tal vez nada de lo que escribí anteriormente tenga sentido, pero ya he logrado sacarlo de mi sistema. Entre tantas palabras y tantas ideas juntas espero que no hayan olvidado el argumento principal: ¡no acepten las suposiciones que nacen en su cabeza! ¿Por qué conformarnos con eso cuando existe la verdad?
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